Hongos medicinales

Hongos medicinales, los amigos del bosque.

La historia y los estudios de los hongos medicinales comienza hace más de 5.000 años, cuando un hombre de elevado estatus social viajaba a través de un glaciar alpino cuando fue atacado. El impacto de una flecha rompió su arteria subclavia y murió desangrado. El año 1991, al derretirse un glaciar, unos alpinistas encontraron su cuerpo momificado mientras caminaban por el valle de Oetz (Tirol austríaco).

A este hombre se le denominó “Oetzi, el hombre del hielo”. Iba perfectamente vestido para caminar por la nieve, llevaba capa, chaleco y zapatos especiales, también se hallaron unas hierbas suaves que rodeaban sus pies y que hacían la función de unos calcetines. Además de un hacha, cuchillos, flechas y un arco más alto que él, entre las pertenencias de Oetzi se encontraron varias especies de hongos. Uno de ellos, el Piptoporus betulinus (el hongo del abedul), es un remedio tradicional para combatir los parásitos, lo cual tiene sentido porque se encontraron huevos de parásitos en el intestino de ese hombre. Otro hongo que portaba era el Fomes fomentarius, que pudo haber utilizado como yesca para hacer fuego o para sanar heridas, ya que este hongo posee acción antibacteriana.

Tanto el Piptoporus betulinus como el Fomes fomentarius son políporos. La mayoría de los políporos crecen en los árboles y no se conoce ninguno que sea venenoso. Hasta ahora este hallazgo es el ejemplo más antiguo que se tiene noticia del empleo de hongos medicinales por el ser humano.

Por otra parte, las tradiciones orales de los indios nativos americanos refieren el empleo de muchas variedades de políporos para ayudar a sanar las enfermedades que los colonos europeos contagiaron a las tribus americanas. Se mencionan el Piptoporus betulinus, el reishi (Ganoderma lucidum), la cola de pavo (Coriolus versicolor), el chaga (Inonotus obliquus), y también una especie que en la actualidad prácticamente ha desaparecido: el agárico (Fomitopsis officinalis).1

Este último, el agárico, ostenta la distinción de ser el primer hongo medicinal mencionado en la literatura europea. Su uso medicinal fue detallado por Dioscórides2, médico griego que vivió en el siglo I y que en su obra Sobre la materia médica, escribió: “Es útil contra los dolores de vientre, la indigestión, las roturas, espasmos de nervios y las caídas de lo alto. Dado en la cantidad de una dracma, es útil a los que padecen del hígado, a los asmáticos, ictéricos, disentéricos, a los que tienen dolor de riñones o no pueden orinar, a las que ahoga la matriz y a los descoloridos.”…”En suma, el agárico es útil contra todas las enfermedades intrínsecas, dándose según la cualidad y edad de cada uno, con agua a unos, con vino a otros, con oximel a otros y finalmente con aguamiel a otros.”

A los beneficios anteriores del agárico, Galeno3, el famoso médico griego que vivió en el siglo II, añadió en su libro Sobre las facultades de los medicamentos simples: “Tiene fuerza resolutiva y cortante de los humores gruesos y a veces libera las obstrucciones de las vísceras. Por ello, sana a los que padecen ictericia y a los que sufren obstrucción del hígado. Favorece por su cualidad a los que padecen epilepsia, cura las fiebres recurrentes con escalofríos, engendradas por humores gruesos y viscosos. Beneficia también a los mordidos o picados por bestias que hacen daño por su frialdad, unas veces colocado por fuera sobre la parte afectada, y otras veces ingerido en la cantidad de una dracma con vino. También es purgante.”

Después de leer las referencias anteriores no nos extraña que en la antigüedad este remedio fuese considerado una panacea. Sin embargo, mientras que los hongos han sido empleados en Occidente desde hace mucho tiempo, su empleo no es siquiera comparable con la valoración y el respeto que desde hace milenios disfrutan en Oriente.

Un claro ejemplo es el políporo Reishi (Ganoderma lucidum), empleado en China y Japón durante al menos 2.000 años como un hongo que otorga la salud para la inmortalidad. Se mencionó por primera vez en un libro clásico de la medicina tradicional china que data de hace más de 2.000 años, denominado Shen Nong Ben Cao Zing (El libro de las hierbas de Shen Nong). Asimismo, muchos edificios y templos en el Oriente están engalanados con relieves de este maravilloso hongo.4

En las culturas asiáticas, los hongos han sido valorados tradicionalmente por sus cualidades nutritivas y medicinales. Asimismo, la ciencia ha confirmado recientemente lo que las antiguas culturas sabían desde hace siglos: los hongos tienen en su composición algunas de las más poderosas medicinas que se pueden encontrar en la naturaleza. Durante mucho tiempo fueron considerados tónicos, actualmente sabemos que sus constituyentes mejoran intensamente la salud humana. A diferencia de la mayoría de los fármacos, estos agentes terapéuticos presentan una extraordinaria escasa toxicidad, incluso administrados en dosis elevadas.

Los hongos medicinales alcanzaron el primer plano de la ciencia médica occidental gracias, en gran medida, al Dr. Ikekawa cuyo estudio epidemiológico comparó los índices de cáncer en la Prefectura de Nagano (Japón) durante los años 1972 a 1986. Trabajando como investigador para el Instituto del Cáncer de Japón, descubrió que los índices de muertes por cáncer en las familias de los cultivadores de hongos enoki (Flammulina velutipes) eran notablemente más bajos que los del resto de la población.5 Hoy en día se piensa que los excepcionales bajos índices de cáncer en Nagano, que es el centro del cultivo del hongo enoki, están relacionados con el elevado consumo de dicho hongo en esta región.

A partir de este descubrimiento y de los estudios realizados por otros investigadores, principalmente en Japón y China, las investigaciones relacionadas con las propiedades medicinales de los hongos adquirieron impulso y atrajeron la atención de los investigadores occidentales.

1. Hoobs C. Medicinal mushrooms: an exploration of tradition, healing and culture. Ed. Botanica Press, Santa Cruz, California, 1995. 251pp.
2. Laguna A. de. Pedacio Dioscorides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Salamanca;1563.
3. Galeno. Galeni opera omnia ex nova juntorum editione. Venetii; 1625.
4. Ying J et al. Icons of medicinal fungi from China (Trad.: Yuehan X). Sicence Press, Beijing, 1987. 575 pp.
5. Ikekawa, 1989.

Los hongos no son plantas

Los seres vivos se clasifican para su estudio en grupos grandes y básicos denominados reinos. Durante muchos años, los hongos fueron clasificados en el reino de las plantas. Sin embargo, los biólogos se han percatado que los hongos tienen una relación cercana a los animales, aunque son organismos diferentes. A diferencia de los animales que se nutren por ingestión, y de las plantas que lo hacen por fotosíntesis, los hongos obtienen su alimento por absorción. Se reproducen por medio de esporas, éstas son el equivalente a las semillas de las plantas vasculares. Al germinar, las esporas forman el aparato vegetativo o micelio, que está formado a su vez por filamentos llamados hifas, las cuales están constituidas por infinidad de células (por ejemplo, la pelusilla que se forma en la superficie de un queso olvidado fuera de la nevera es el micelio de un hongo). En ciertas condiciones, el micelio forma cuerpos fructíferos: las setas; éstas son los órganos sexuales de los hongos. De las setas surgen las esporas que dan lugar al nacimiento de nuevos hongos. Actualmente, a estos fascinantes seres vivos se les clasifica en un reino propio, el de los hongos.

Se trata de un reino “escondido” porque la parte del hongo que vemos es solamente el “fruto” del organismo. El micelio raramente se puede ver porque crece oculto debajo de la tierra, en madera, o en otras fuentes de alimento. Es de color blancuzco y observado mediante el microscopio se ve como un laberinto de finísimos filamentos, más finos que un cabello y capaces de absorber el agua y las sustancias disueltas en ella, similar a los pelillos de las raíces de las plantas. Los hongos se alimentan absorbiendo nutrientes del material orgánico, es decir, no tienen estómagos y digieren su alimento antes de que pueda pasar a través de la pared de la célula a la hifa. La hifa secreta ácidos y enzimas que simplifican el material orgánico en fracciones más fáciles de digerir.

Un micelio puede tener un tamaño muy variado: desde una hormiga hasta ocupar muchas hectáreas. Además, la hifa ramificada puede añadir aún más extensión a la longitud del micelio. Estos tejidos viven ocultos hasta que aparecen setas, bejines, trufas u otros cuerpos fructíferos. Un solo hongo, como saben muy bien los buscadores, puede proporcionar muchas setas (igual que un manzano muchas manzanas), o bien no formar ninguna. Si el micelio produce frutos microscópicos, la gente quizás nunca advierta la existencia del hongo bajo sus pies. En la actualidad se conocen más de cien mil especies de hongos y unas treinta mil clases diferentes de setas. Todos los años se describen alrededor de doscientas especies nuevas que incrementan el conocimiento científico.

1 Comment
  1. Veterinario 12 diciembre, 2017 at 9:06 pm - Reply

    Hay hongos que se utilizan para el control de plagas y los tratamientos fitosanitarios.

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